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¡Pasa a la acción! ¿Te atreves?

¡Pasa a la acción!

Pasar a la acción. Llevar la iniciativa. Ir por delante. Ser proactivo. Esta semana vamos a hablar de hacer que la cosas sucedan, en lugar de sentarnos a esperar a que ocurra algo. ¿Qué os parece? La semana pasada hablaba de cambio y de la transformación que podemos experimentar cuando nos atrevemos a cambiar. Ahora se trata de anticiparnos a ese cambio, ¿os animáis a reflexionar conmigo antes de pasar a la acción?

Para ayudarnos en esta reflexión, he elegido una historia que me parece que puede explicar muy bien este concepto.

“Había una vez un joven que deseaba trabajar para una empresa muy prestigiosa. Preparó minuciosamente su currículum y realizó varias entrevistas con sus responsables. Finalmente, consiguió entrar a trabajar en la empresa. El joven era muy ambicioso y se marcó su próximo objetivo: un puesto de supervisor que le otorgaría un mayor prestigio y más sueldo. Así que realizó con eficacia todas las tareas que le dieron. Cada día llegaba muy temprano y se quedaba hasta muy tarde para que su jefe viera su gran dedicación.

Después de cinco años, quedó disponible un puesto de supervisor. Pero, para gran consternación del joven, otro empleado, que solo había trabajado para la empresa durante seis meses, recibió el ascenso. El joven estaba indignado y le pidió una explicación a su jefe.

– Antes de responder a tus preguntas, ¿me harías un favor?, le dijo su superior

– Sí, claro, dijo el empleado.

– ¿Irías a la tienda y comprarías naranjas? Mi esposa las necesita.

El joven fue a la tienda y cuando regresó, el jefe le preguntó:

– ¿Qué clase de naranjas has comprado?

– No lo sé, respondió el joven.  Usted no me ha dicho de qué tipo quería, yo he comprado las naranjas. Aquí las tiene.

– ¿Cuánto te han costado?, preguntó el jefe.

– Bueno… no estoy seguro, fue la respuesta, aquí tiene el cambio de los 20 euros que me ha dado.

– Muchas gracias, dijo el jefe. Ahora, por favor, tome asiento y preste mucha atención.

Luego, el jefe llamó al empleado que había recibido la promoción y le pidió que hiciera el mismo trabajo. Él accedió y fue a la tienda.

– Cuando regresó, el jefe le hizo la misma pregunta:

– ¿Qué tipo de naranjas has comprado?

– Bueno, respondió, la tienda tenía muchas variedades: había naranjas navel, naranjas de Valencia, naranjas de sangre, mandarinas y muchas otras, y no sabía qué tipo comprar. Pero recordé que dijo que su esposa necesitaba las naranjas, así que la llamé. Ella dijo que iba a tener una fiesta y que iba a hacer jugo de naranja. Así que le pregunté al tendero cuál de todas estas naranjas haría el mejor jugo de naranja. Dijo que la naranja de Valencia estaba llena de jugo muy dulce, así que esa es lo que compré. Las dejé en su casa en mi camino de regreso a la oficina. Su esposa estaba muy contenta.

– ¿Cuánto han costado?, preguntó el jefe.

– Bueno, ese era otro problema. No sabía cuántas comprar, así que una vez más llamé a su esposa y le pregunté cuántos invitados estaba esperando. Ella dijo 20. Le pregunté al tendero cuántas naranjas se necesitarían para hacer jugo para 20 personas, y fue mucho. Entonces, le pregunté al tendero si podía darme un descuento por cantidad, ¡y lo hizo! Estas naranjas normalmente cuestan 75 céntimos cada una, pero solo pagué 50. Aquí está su cambio y el recibo.

– El jefe sonrió y dijo:

-Gracias; te puedes ir.

Miró al joven que había estado observando. El joven se puso de pie, agachó la cabeza y dijo: “Ya veo a qué se refiere”, mientras salía de la oficina abatido”.

En este relato vemos que la actitud del segundo joven, adelantándose con las soluciones a un posible problema, fue la que le llevó a alcanzar ese puesto que tanto deseaba el otro empleado, que se limitó a cumplir con lo que ordenaban. Es la diferencia entre esperar a que las cosas sucedan o ser el motor para que sucedan. Y eso es, precisamente, lo que significa ser proactivo.

En momentos complicados, esta manera de actuar puede ser de gran ayuda. Porque cuando somos proactivos vamos por delante de… no nos dejamos llevar por las excusas ni por las circunstancias, no vamos a remolque. Simplemente, buscamos cómo podemos hacer… en vez de por qué no podemos hacer… y ¡actuamos! Los que me seguís me habréis escuchado decir en alguna ocasión que es importante que dejemos de concentrarnos en los problemas y que centremos nuestros esfuerzos en buscar la forma de solucionarlos. ¡Pues bien! Cuando actuamos de manera proactiva, estamos desarrollando una forma de pensar que nos permite anticiparnos a esos cambios, a esos problemas… ¡y encontrar de manera rápida una solución!

¿Y qué podemos hacer para cultivar esta actitud proactiva?

Abandonar la excusa y la queja. Lamentarse no nos sirve de nada. Siempre es mejor, observar la situación y buscar la manera de afrontarla de la mejor manera posible. Es decir, sustituye las quejas y las excusas por propuestas.

Sé humilde. ¡Siempre! Ya os he hablado en otras ocasiones de la importancia de la humildad. ¡Pues bien! Para ser proactivo hay que ser humilde y admitir que hay veces en las que necesitamos la ayuda de otras personas para resolver una situación. Esa humildad, nos va a permitir pedir ayuda para poder actuar.

Aparca la pereza y ¡pasa a la acción! ¿De qué sirve anticiparnos a un cambio, a un problema si no nos ponemos a trabajar para resolverlo? Cuando tengas clara la forma de afrontar esa situación, ¡actúa!

-Y, por último, presta mucha atención a cómo te hablas. ¿Y si en lugar de problema le llamas oportunidad? ¿Y si en lugar de dificultad, le llamas reto?… Tu mente aprende de lo que tú le estás contando ¡no lo olvides!

Y tú, ¿te atreves a pasar a la acción?

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