Evaluación y responsabilidad. ¿Eres consciente del camino?

Responsabilidad

Evaluación y responsabilidad. Esta semana quiero reflexionar en el post acerca de la necesidad que tenemos de someter diversas situaciones que se producen a lo largo de nuestra vida a una evaluación objetiva para poder asumir la responsabilidad de tomar el camino correcto, el camino que nos llevará hasta el objetivo o la meta que pretendemos conseguir.

¿Os parece que esta semana recurramos a un escrito de Jorge Bucay para profundizar en esta reflexión? Se titula ‘Darse cuenta’ y lo reproduzco a continuación.

“Me levanto una mañana, salgo de mi casa, hay un pozo en la vereda, no lo veo y me caigo en él. Al día siguiente, salgo de mi casa, me olvido de que hay un pozo en la vereda, y vuelvo a caer en él.

Tercer día: salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un pozo en la vereda. Sin embargo, no lo recuerdo, y caigo en él.

Cuarto día: salgo de mi casa tratando de acordarme del pozo en la vereda, lo recuerdo, y a pesar de eso, no lo veo y caigo en él.

Quinto día: salgo de mi casa, recuerdo que debo tener presente el pozo en la vereda y camino mirando al suelo, y lo veo y a pesar de verlo, caigo en él.

Sexto día: salgo de mi casa, recuerdo el pozo en la vereda, voy buscándolo con la vista, lo veo, intento saltarlo, pero caigo en él.

Séptimo día: salgo de mi casa y veo el pozo, cojo carrerilla, salto, rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado, pero no es suficiente y caigo en él.

Octavo día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrerilla, salto… ¡Llego al otro lado! Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido, que lo celebro dando saltos de alegría… y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.

Noveno día: salgo de mi casa, veo el pozo, cojo carrerilla, lo salto, y sigo mi camino.

Décimo día: hoy me he dado cuenta… ¡Es más cómodo caminar por la vereda de enfrente!”

Y a ti, ¿cuántas caídas te ha costado darte cuenta? El error es, sin duda, una de las mejores maneras de aprendizaje. Así aprendimos a caminar, cayendo una y otra vez.

A pesar de que siempre hemos de aceptar el error, el fracaso e intentar aprender y salir fortalecidos de él, en este post me gustaría invitaros a poner en práctica el método de evaluación previa cuando se nos presenta un dilema. Puede tratarse de un problema personal o de una situación difícil en el plano laboral. ¡No importa! En lo que quiero incidir es en la necesidad de abrir bien los ojos para poder realizar una evaluación real de la situación que se nos presenta y así actuar con responsabilidad en la posible solución.

¿Y si comenzamos?

Antes, quiero dejar claro que no existe una receta infalible, una fórmula mágica que nos permita apretar una tecla y solventar el problema. Estamos de acuerdo, ¿verdad?

Pero sí que podemos estudiar la situación para ver, en primer lugar, si se trata de un verdadero obstáculo en nuestro camino. ¿Creéis que el pozo del escrito de Bucay era un verdadero obstáculo? ¡Posiblemente no! Ya que había una vía alternativa que podía utilizarse para continuar caminando.

Pues bien, eso puede pasarnos a nosotros. ¿No os ha pasado que ante un ‘supuesto problema’ nos hemos venido abajo, bajado los brazos y dado todo por perdido? ¿Y si nos paramos a analizar, a mirar de frente ese obstáculo?

Si, de verdad, es una piedra en nuestro camino el siguiente paso es: ¿Qué puedo hacer para sortearlo? ¿Cuál es el mejor método para saltarlo? En definitiva, qué puedo hacer yo para anular o minimizar y así superar el efecto de un obstáculo en mi objetivo.

Seguramente, en esta evaluación del problema recurriremos a la ayuda de otras personas: amigos, compañeros de trabajo, familia… ¿Cómo pueden ayudarme?

En eso consiste la evaluación de esa dificultad que nos amenaza y que creemos que puede ser determinante en nuestro camino hacia nuestros sueños, nuestras metas, nuestro propósito de vida. La evaluación nos permite conocer a qué nos enfrentamos ¡y eso ya es un punto a nuestro favor! La evaluación en equipo nos permite unir fuerzas y sumar talento para hacer frente a esa dificultad, pero -principalmente- cuando evaluamos, conocemos y somos equipo ¡perdemos el miedo y recuperamos la esperanza en nuestra destreza, en nuestra capacidad para alcanzar eso que tanto hemos añorado! Y es esa confianza, el sentirnos acompañados y el conocimiento, lo que nos llevará a actuar con responsabilidad y nos permitirá tomar ese camino correcto, esa senda que nos conduce a los objetivos, que nos lleva a la meta, al sueño, a nuestro propósito de vida.

Para terminar, solo unos apuntes. Estate siempre atento al camino, mira bien por donde andas y cuando se presente un pozo en el camino, no camines en dirección contraria, míralo de frente, evalúa su tamaño, su profundidad, el riesgo que entraña. Si lo ves factible, sáltalo. Si crees que es demasiado grande, amplía tu mirada, tu perspectiva -si es necesario, consulta con personas más sabias- y busca ese otro camino que también te lleva a tu meta, en el que no hay pozos que saltar o son más pequeños y puedes afrontarlos. Y recuerda, si optas por dar el salto y caes en el pozo, apresúrate en salir de él, aprende de tu caída y sigue caminando.

Y tú, ¿hasta cuando vas a seguir caminando hacia tus metas sin mirar antes a tu alrededor? ¿Te atreves a seguir un camino consciente? ¿A pedir ayuda cuando la necesites para actuar de manera responsable? 

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