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¿Practicamos la paciencia?

Paciencia

La paciencia. Esta semana os lanzo una reflexión sobre la paciencia y ¿por qué no? sobre hacia dónde nos conduce la falta de ella, hacia dónde nos lleva la impaciencia. ¿Os animáis a reflexionar conmigo sobre la importancia de la paciencia en nuestras vidas? Creo que es importante practicar la paciencia en una época en la que vivimos muy deprisa y en la que buscamos la gratificación instantánea.

¿Practicamos la paciencia?

Comienzo este post con una historia que, quizás, alguno de vosotros habréis leído y que narra la historia de un campesino un poco impaciente…

“Cuentan que había una pequeña aldea, en un lugar muy remoto de la tierra. Allí había un hombre conocido por su codicia que vivía con su familia en relativa armonía. Era próspero en sus cosechas, aunque nunca estaba conforme con lo que obtenía. Siempre quería más y más…

En cierta ocasión, sembró el terreno con particular esmero convencido de que iba a conseguir lo que nunca había logrado. Quería obtener la cosecha de una semilla especial de trigo que le habían traído de tierras lejanas. Aseguraban que este era un trigo de mayor calidad, con espigas más gordas y un sabor estupendo. Por eso, el hombre ocupó todas sus tierras con ese cultivo y comenzó a hacer grandes planes para el futuro. Soñaba que obtendría muchas ganancias y, quién sabe, tal vez podría comprar más tierras y vivir con mayores lujos de los que ya disfrutaba.

Sin embargo, las semanas pasaron y las semillas apenas si habían florecido. Acudía cada día al campo para ver la evolución de sus semillas. Había unos cuantos brotes y, pese a los cuidados que les prestaba, crecían muy lentamente. Al ver esto, el hombre comenzó a desesperarse. Estaba muy enfadado y se lamentaba de su mala suerte. ¡No podía aguantar tanto! Por eso decidió hacer algo. Lo que se le ocurrió fue ir a estirar las pequeñas plantas que estaban naciendo. Pensó que así les ayudaría en su crecimiento.

Al anochecer al llegar a casa, se lo contó a su familia. Su hijo, alarmado al escuchar lo que su padre había hecho, se fue al campo de buena mañana y allí comprobó lo que había imaginado. Todos los brotes habían amanecido muertos.

El hombre, por su codicia e impaciencia, había pasado por alto el hecho de que se trataba de una semilla especial y que esta necesitaba un tiempo mayor para crecer. No sabía que todo tiene su tiempo y que alterar los procesos de la naturaleza solo conduce al fracaso”.

¿Hacia dónde os ha llevado la impaciencia? ¿Tenéis algún ejemplo de cómo la precipitación, la ansiedad por conseguir algo os ha conducido justo a lo contrario a lo que buscabais?

¡Qué complicado es hablar de paciencia! ¿Verdad? Porque vivimos en un mundo muy acelerado en el que podemos comprar por Internet y recibir lo que hemos comprado unas horas después en nuestra casa, un mundo en el que elegimos lo que queremos ver en nuestras pantallas de televisión, en el que podemos pasar deprisa lo que no nos gusta, una sociedad del usar y tirar, muy rápida… ¡Para nada estoy en contra de todas las ventajas que nos proporcionan todos estos avances con los que ahora convivimos! ¡Por supuesto que no! Creo que es maravilloso poder acceder a otras culturas, acercarnos a otros mundos, facilitar la vida a personas mayores, comunicarnos con tantas personas…pero eso no significa que abandonemos esas otras cosas que llevan su tiempo, ¿no os parece?

Porque hay cosas que necesitan de tiempo para dar sus frutos, cosas cuya gratificación no ocurre de la noche a la mañana, que requieren de mucho esfuerzo, dedicación y tiempo para alcanzar su objetivo final. En definitiva, cosas que requieren de paciencia, de saber esperar, de ir sumando etapas hasta llegar a la meta final.

Ahora, tras el descanso que algunos hemos tenido la suerte de disfrutar en las fiestas de Semana Santa, creo que es importante que conservemos esa parte de tranquilidad, de espera sin prisas en nuestro día a día. Y, para ello, os quiero ofrecer unas claves que a mí me ayudan a superar esa espera:

  1. Divide el camino en etapas. Es importante que nos marquemos retos pequeños que podamos ir cumpliendo, superando y ¡celebrando! De esta forma, conseguiremos pequeñas gratificaciones que saciarán nuestra impaciencia. Si el campesino del cuento inicial se hubiera fijado un poco se habría dado cuenta de que los brotes iban cambiando, iban creciendo y que la cosecha seguía su camino hasta que alcanzara la meta final.
  2. Vive cada momento del proceso como si fuera el más importante. ¡Y disfrútalo! Plantar las semillas era muy importante y así lo vivió el campesino, pero se le olvidó el momento de cuidarlas, de mimarlas, de regar y proteger los brotes hasta conseguir que se hicieran fuertes ramas de ese trigo tan especial. ¿Por qué no vivir cada momento desde la siembra hasta la cosecha como el más importante? El momento presente, en el que nos encontramos es importante para alcanzar nuestro objetivo, ¿no os parece?
  3. Cuando el esfuerzo sea muy grande, párate y descansa. ¡No pasa nada por detenerte un rato! Y cuando lo hagas, mira hacia atrás y así verás todo lo que has conseguido avanzar. Disfruta de ese momento de calma. Coge fuerzas para el resto del camino. Estás más cerca de conseguir eso que tanto anhelas.
  4. Al llegar a la meta. Celebra y disfruta tu recompensa, pero no te olvides de agradecer a todas las personas que te han ayudado por el camino a llegar hasta ella, a las que te han acompañado, a las que te han enseñado la senda, a las que te han apoyado o han confiado en ti. ¡Esa es, ya de por sí, tu gran recompensa!

Os aseguro que vale la pena ejercitar la paciencia para poder alcanzar esos sueños que van mucho más allá de la gratificación instantánea a la que estamos tan acostumbrados.

Y vosotros, ¿os animáis a practicar la paciencia?

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