¿Quieres ser feliz? ¡Da!
Así de fácil. Esta semana quiero hablaros de la vinculación directa entre un comportamiento generoso, altruista, colaborativo y la felicidad. ¡Sí! Porque si quieres ser feliz hay una fórmula que nunca falla: dar, darse a los demás…en forma material o como persona. Ocuparnos del bienestar del prójimo, velar por la felicidad de los demás nos hace más felices que actuar d forma egoísta o egocéntrica.
Hay numerosos estudios que avalan esta teoría. Para que seáis vosotros mismos los que experimentéis esa sensación os invito a realizar un pequeño ejercicio de memoria, una pequeña clase práctica. ¡Seguro que en alguna ocasión habéis tenido un día de esos que te levantas con el pie cambiado! ¿Entendéis lo que os quiero decir, verdad? Esos días que parece que todo se ha confabulado en tu contra y en los que creéis tener pocos recursos para hacerle frente. Entonces os decís: Me merezco un regalo…algo que me anime. Seguro que a casi todos nos viene a la mente lo mismo: voy a comprarme ese capricho que llevo tiempo deseando…hoy me toca regalarme ese libro, ese reloj, esa pulsera, ese ramo de flores, esa caja de chocolatinas, esos zapatos, esas deportivas… ¡cualquier cosa! Vamos a la tienda, lo compramos y en el momento de adquirirlo experimentamos algo parecido a la felicidad, ¿verdad? Pero ahora piensa (pensemos), ¿Cuánto dura esa sensación? En la mayoría de las ocasiones el tiempo de llegar a casa y abrir la bolsa. En unos casos nos arrepentimos del dinero empleado en ese capricho que ha disfrazado por unos minutos ese día complicado, en otros ni siquiera tenemos claro si nos hacía tanta ilusión… La mayoría de las veces nos sentimos vacíos. Porque no era eso lo que buscábamos.
Ahora te invito a imaginarte (si no lo has vivido) otra situación. Ese mismo día, nos dirigimos al supermercado a comprar lo que nos hace falta para cenar o las cosas que faltan en casa. En la puerta del supermercado nos encontramos con una persona que nos pide que le ayudemos. No tiene trabajo, no tiene ayudas de ningún tipo, pero sí tiene una familia que alimentar. Le preguntamos qué es lo que necesita. ¡Pañales y leche! Responde sin dudarlo. Entramos en el supermercado y le hacemos una compra en la medida de las posibilidades de cada uno. Al salir, se la entregamos y le proporcionamos información sobre los centros que conocemos y que pueden servirle de ayuda. Nos da las gracias y sonríe. ¿Cómo te sientes? ¿Todavía recuerdas tus problemas?
Cuando ayudamos a los demás siendo generosos, atendiendo sus peticiones o anticipándonos a ellas, cuando dedicamos nuestro tiempo a esa persona que tanto lo necesita, cuando compramos con toda la ilusión del mundo un regalo a ese ser querido, a ese amigo y vemos su cara de felicidad al recibirlo… es entonces cuando experimentamos la verdadera felicidad.
En mi último libro ‘Reilusionarse’ dedico un capítulo entero a la generosidad. Porque es la generosidad, la actitud y el espíritu de servicio lo que puede lograr sacarnos de la apatía, de la resignación…lo que puede conseguir que seamos felices porque nos sentimos satisfechos con nosotros mismos.
Y ya te he dicho que hay numerosos estudios que avalan esta afirmación. La profesora americana Sonia Lyubomirsky demostró que las personas que habían realizado un acto generoso a la semana durante mes y medio experimentaron un aumento de la percepción de felicidad. ¿Qué me decís de los voluntarios de ONG, por ejemplo, que aseguran que lo que más les gratifica de su trabajo es todo lo que reciben por lo que dan? ¡Y no! No se trata de dinero, no se trata de regalos… reciben la satisfacción, la alegría, la felicidad de contribuir a hacer la vida de los demás un poco mejor. Al realizar una acción positiva por alguien nuestro cerebro reacciona experimentando eso que tanto añoramos a veces, la felicidad.
¡Y además la generosidad, el espíritu de sacrificio, la actitud de servir…es contagiosa! ¿Qué más queremos?
En este post quiero animaros a trabajar vuestro “mejor yo” con los demás, a mostrarles a todos los que os rodean vuestra mejor versión…la de una persona generosa, que se da a los demás y que no duda ni un momento en prestar su tiempo, su ayuda, su mejor sonrisa a los que le rodean. Al cabo de un tiempo de practicar la generosidad os aseguro que os veréis recompensados.
Hay un micro relato de tradición tibetana que para mí resume de maravilla la idea que os quiero transmitir esta semana:
-Maestro, estoy muy desanimado, ¿qué puedo hacer?
-¡Animar a los demás!, le respondió el maestro
¿De verdad queréis ser felices? ¿Os atrevéis a mostrar vuestro “mejor yo” a los demás?
Cuanta razón en cada palabra,a veces me ha ocurrido que el simple gesto de sonreír a quien esta triste y transmitirle mi sensación de no pasa nada amigo,todo pasara o abrazar a quien esta llorando y darle mi ánimo y mi sentimiento de apoyo,me hace sentir mayor paz y alegría que si me.hubiera comprado cualquier capricho para mejorar mi dia.
Muchísimas gracias por tu aportación. ¡Seguro que te sientes mucho mejor cuando dedicas tu tiempo a esa persona que lo necesita!
Todo en este mundo se trata de creer en lo que se hace. Unos creen otros no cree. Pero lo importante es que haya armonía entre los dos.
Es cierto, creer y poner pasión en todo lo que hacemos es fundamental para que salga bien y para seguir adelante. ¡Un saludo y gracias por tu aportación Juan José!
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