Tu motivación importa. El ‘efecto Pigmalion’

Motivación. ¿Hasta qué punto es importante? ¿Qué creéis? Esta semana he elegido una reflexión sobre la motivación, la nuestra y la que somos capaces de contagiar a las personas que nos rodean. Y, para que comprobéis la importancia de la motivación, he de hablar de ‘el efecto Pigmalion’. ¿Lo conocéis?
Y hoy voy a comenzar el post con la historia que da nombre a lo que sería un estudio científico acerca de la influencia en el rendimiento de los demás de las expectativas que ponemos en ellos.
La historia nos remonta a la mitología griega cuando un rey de Chipre encontró serias dificultades para enamorarse de una mujer, pues ninguna le parecía que se parecía a la mujer con la que tanto soñaba. El escultor Pigmalión, decidió realizar una escultura de marfil con una mujer ideal a la que llamaría Galatea. Tal fue el amor que este rey le profesó por su perfección, que pidió a Venus que la convirtiese en una mujer de verdad, su deseada amante y compañera. Esta historia dio lugar al mito, ya que el rey se empeñó tanto en creer que la escultura estaba viva que finalmente consiguió que así fuese…
Los psicólogos Leonore Jacobson y Robert Rosenthal realizaron en los años 60 la investigación científica que denominaron ‘el efecto Pigmalion’ y que consistió en estudiar las consecuencias de las expectativas que nos hacemos o que otros tienen sobre lo que somos capaces de hacer.
Así se comunicó al profesorado de un curso de Primaria de una escuela de California que se le había realizado un test de inteligencia a 320 alumnos de seis cursos distintos y que un 20% de ellos estaban muy por encima del resto de la clase. Se les dijo quiénes eran y se les avanzó que serían los que mejor nota obtendrían ese curso escolar.
Nueve meses más tarde, los psicólogos se reunieron con esos profesores y comprobaron el resultado: los alumnos que habían considerado aventajados al inicio del curso habían sido los que mejores notas habían obtenido y al realizarles un test de conocimientos, ¡eran los que más progresión académica habían conseguido! Todo esto, no sería extraño si no fuera porque los psicólogos habían elegido a ese 20% al azar y nunca les habían realizado un test de inteligencia ni de otro tipo.
¿Qué había pasado?
Los profesores habían volcado sus mejores expectativas en ese grupo de alumnos supuestamente ‘privilegiados’ intelectualmente, les prestaban más atención, les escuchaban mejor, los desafiaban, les preguntaban más a menudo y, sin darse cuenta, les habían estimulado de tal forma que habían conseguido que su progreso fuera mayor que el del resto, a los que no estimulaban ni retaban de esa forma.
Este experimento psicológico puso de relieve la importancia del ‘efecto Pigmalion’ en una cuestión como la motivación. Es uno de los aspectos que influye en nuestra manera de tratar a nuestro equipo de trabajo en su desarrollo o nuestra forma de enfocar la educación de nuestros hijos, por ejemplo.
Y de nuevo os tengo que dar una buena noticia: ¡Todos somos capaces de motivar a las personas que nos rodean, de crear en ellos una perspectiva de mejora que haga que saquen lo mejor que tienen dentro, aunque no sean conscientes de que lo tenían! Como es difícil dar algo que no tenemos para nosotros mismos, hemos de comenzar por motivarnos personalmente.
¿Cómo hacerlo?
- Levántate cada mañana con esa pregunta que tanto me gusta que os hagáis, ¡porque yo me la hago cada día!, ¿Por qué me alegro hoy? Os aseguro que es una manera fantástica de empezar el día con unas expectativas muy altas y, a la vez, realistas, ¿no os parece? Con esta actitud empezamos con muchas ganas de disfrutar de la jornada, esperando lo mejor de ese día que comienza.
- Comparte esa motivación con las personas que tienes más cerca. Habla con ellas, interésate por su jornada, por sus preocupaciones y por sus ilusiones. Siente el interés que demuestras por ella. Es el momento de contagiar tus ganas de disfrutar del día y de trasladarlas a tus seres queridos. Vuelca en ellos tus expectativas de que será un buen día, de que pueden disfrutar de esa reunión, superar ese obstáculo, de que son capaces de conseguirlo… Todo estos revierte directamente sobre tu estado de motivación y en el de los demás. Los que tenéis hijos, ¿habéis probado a decirles que confiáis en ellos, que para vosotros son los mejores, los más grandes? ¡Os aseguro que vuestra seguridad se traducirá en confianza de forma inmediata!
- Dedica unas palabras amables a tu equipo de trabajo, a tus compañeros… Cuando una persona recibe una sonrisa o siente que su jefe le valora se siente mucho más capaz de sacar lo mejor de sí misma. ¿Lo habéis sentido alguna vez? ¿Verdad que sí? Recordad… esa ocasión en la que creíais que no seríais capaces, pero recibisteis el aliento de vuestro mejor amigo o del compañero de estudios o de trabajo que os dijo que podíais con ello. ¡Y lo lograsteis! ¿No te sentías lleno de energía y de motivación?
Ese es el ‘efecto Pigmalion’, las expectativas que transmitimos a los demás, que creemos en todo su potencial y, aparte de esto, nos hace sentir que nosotros también somos capaces.
‘Pueden porque creen que pueden’ Esta frase de Virgilio nos plantea el poder de las expectativas, en este caso de las expectativas que cada uno de nosotros tenemos sobre nosotros mismos -la actitud de poder o no poder está en nosotros-, pero que se ven reforzadas con las expectativas que los demás -las personas que nos importan- tienen sobre nosotros…
Os invito a trabajar en ese poder que todos llevamos dentro y que nos hace valiosos. La confianza en que podemos conseguirlo, a pesar de las circunstancias, a encontrar ese motivo que HOY nos hace alegrarnos. Porque cuando encontréis ese poder, podréis trasladar esa motivación a los que os rodean y crearles unas expectativas que les permitan ir más allá de lo que se creen capaces de hacer.
¿Os atrevéis a provocar el ‘efecto Pigmalion’ a vuestro alrededor? ¿Os animáis a crecer y a desarrollar ese poder que todos llevamos dentro? ¿A contagiar y regalar motivación a vuestro alrededor?