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Asertividad, ¿cómo te comunicas con los demás?

Asertividad

Asertividad. ¡Qué difícil a veces! ¿Verdad? Esta semana he elegido reflexionar acerca de la asertividad porque me parece una característica de nuestra comunicación fundamental para conseguir que los demás nos comprendan y respeten nuestras opiniones y, a la vez, nosotros hagamos lo mismo con ellos.

Me gustaría que reflexionarais acerca de la asertividad y que os hicierais unas preguntas:

¿Creéis que os comunicáis de manera asertiva? ¿Sois capaces de expresar vuestra opinión sin herir sensibilidades? ¿Os guardáis lo que, de verdad pensáis, porque no sabéis como expresarlo?

Pero, antes de contestar, os invito a leer esta historia que nos puede ayudar a comprender un poco mejor de qué hablamos cuando hablamos de asertividad.

“Cuentan que, en un país muy lejano, al oriente del gran desierto, vivía un viejo Sultán, dueño de una inmensa fortuna.


El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso. Una noche soñó que había perdido todos los dientes. Muy angustiado. Inmediatamente después de despertar, mandó llamar a uno de los sabios de su corte para pedirle urgentemente que interpretase su sueño.

– ¡Qué desgracia mi Señor! – exclamó el Sabio – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.


– ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y ordenó que dieran cien latigazos al Sabio, por ser un pájaro de mal agüero. Más tarde, consternado todavía por su sueño, ordenó que le trajesen a otro Sabio y, de nuevo, le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

– ¡Excelso Señor! ¡Una gran felicidad os ha sido reservada! El sueño que ha tenido significa que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirá a todos sus parientes.

Al escuchar las palabras del Sabio, se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los consejeros reales le dijo admirado:

– ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que la del primer Sabio. No entiendo por qué al primero le castigó con cien azotes, mientras que a vos os premia con cien monedas de oro.

– Recuerda bien amigo mío –respondió el segundo Sabio– que todo depende de la forma en que se dicen las cosas… La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado…

– No olvides nunca mi querido amigo –sentenció el sabio– que siempre puedes comunicar una misma verdad de dos formas. Elige siempre la que no agreda a tu interlocutor, pero que te permita expresar todo aquello que tienes que decir”

¿Qué os parece? ¿No es casi mágica la manera con la que la forma de decir una misma cosa puede cambiar una situación?

Cuando utilizamos el lenguaje agresivo, os aseguro, que no conseguimos nada más que enfadar, bloquear o dañar a nuestro interlocutor porque le estamos faltando el respeto. Si, por el contrario, optamos por callarnos una verdad por miedo a la reacción del otro, nos estamos faltando el respeto a nosotros mismos. Pensamos que nuestra opinión no es importante, que no merece la pena darla…

¿Y si buscamos un término medio? ¡Ahí está la comunicación asertiva! Conseguir decir las cosas de manera que expresemos nuestra opinión, pero sin herir al interlocutor, sin agredirlo. ¡Ya lo sé! Muchas veces consideramos que comunicarnos de esta forma es complicado. Principalmente cuando tenemos que expresar una opinión totalmente contraria a la de la persona con la que estamos hablando. Pero, os aseguro que la comunicación asertiva se aprende con la práctica, entrenando… Os daré algunas pautas:

  1. No pretendas llevar siempre la razón. A veces confundimos la comunicación asertiva, el derecho que tenemos a expresar nuestra opinión con la idea de que la única razón es la nuestra. ¡Y no se trata de eso! Se trata de exponer nuestras razones, lo que pensamos, pero también de ¡escuchar las razones de los demás! Y escuchar de verdad, como decíamos en el post de la semana pasada.
  2. Reconoce y comunica abiertamente los logros y las virtudes de los demás. No se trata de elogiar sin ton ni son, sino de no olvidarnos de mostrar nuestro reconocimiento por la otra persona cuando ha hecho un trabajo bien hecho, por ejemplo.
  3. Aprende a decir no. Tus prioridades también cuentan y hay que darle un poco menos de importancia a lo que los demás vayan a pensar de nosotros. Pero…
  4. …razona tus negativas. Hay muchas formas de rechazar algo. Y, desde luego, el no tajante no es la mejor manera de hacerlo. Siempre es mejor explicar el porqué de ese rechazo. Un ‘no’ argumentado tiene mucho más peso y caerá mejor en tu interlocutor, ¿no te parece?
  5. No confundas agresividad con asertividad. Se trata de expresar nuestras opiniones de manera sincera, pero no de decir todo lo que se nos ocurra sin pensar en el daño que podemos provocar. El respeto es fundamental para ser asertivo.
  6. ¡Y hazlo desde la calma! Sin ofensas ni insultos. Aprender a negociar es fundamental para una comunicación asertiva. Se trata de respetarnos, ¡sí!, pero también de respetar a los demás.

Con estas breves pautas, os animo a que comencéis a entrenaros en comunicación asertiva, ¿Qué os parece? ¿Practicamos la asertividad?

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