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Empatía. ¿Te atreves a calzarte los zapatos de los demás?

empatía

Empatía. ¿La practicas? ¿Te atreves a calzarte los zapatos de los demás? Esta semana quiero realizar una reflexión sobre la empatía. Ese sentimiento que nos permite identificar los sentimientos de otras personas, comprenderlos y ponernos en su lugar.

Y, para comenzar, os contaré una historia que leí hace un tiempo en un trabajo escolar y que me pareció muy acertada para abordar este valor tan necesario y que hemos de practicar tanto en la infancia como en la edad adulta. ¿Os animáis a acompañarme?

“Yo no lo sabía, pero las fichas blancas y negras de mi juego favorito se odiaban a muerte. Cada noche, mientras yo dormía, peleaban por la única casilla multicolor del tablero, a la que las blancas llegaban siguiendo el caminito de casillas blancas que cruzaba su reino, y las negras siguiendo otro caminito de casillas negras que atravesaba el suyo.

Aquella lucha tan igualada parecía no tener fin, así que el señor Dado les propuso la partida definitiva: se enfrentarían los líderes de cada bando, y el vencedor se quedaría con la casilla multicolor para siempre.

  • Para evitar trampas -añadió Dado-, ambas pasarán la noche anterior aisladas y vigiladas por mí. Yo las llevaré luego a su casilla de salida.

Tanto dolor había dejado en las fichas aquella feroz guerra, que no dudaron en aceptar la propuesta del viejo y sabio señor Dado, quien, al caer la noche, llevó a ambas fichas a un lugar secreto del tablero. Estas esperaban algún tipo de premio o discurso, pero, para su sorpresa, solo encontraron dos cubos de pintura, uno blanco y otro negro.

  • Cambiaréis vuestros colores esta noche, y mañana jugaréis la partida con el color al que siempre os habéis enfrentado. Tenéis la misma forma, y solo cambia vuestro color, así que nadie se dará cuenta; pero tampoco podréis decírselo a nadie.

Las fichas obedecieron sorprendidas, y al día siguiente viajaron hasta llegar a la casilla de salida de cada uno de los caminos.

La ficha negra, toda ella pintada de blanco, cruzó el reino de las fichas blancas entre aplausos y gritos de ánimo, sin que nadie supiera que estaban aclamando a la mejor de las fichas negras. Allá por donde pasaba recibía flores, regalos y muestras de cariño de fichas grandes y pequeñas.

Viendo la ilusión que generaba ganar aquella casilla, la ficha negra descubrió que el reino de las fichas blancas no era tan distinto del suyo, aunque fueran de colores opuestos. La partida comenzó, y en su emocionante viaje por el caminito de casillas blancas a través del reino rival, la ficha negra se sintió un poquito menos negra. Hasta que, llegando al final de la partida, cuando estaba tan cerca que podía verse la última casilla, la ficha negra no recordaba ninguna razón para detestar a las fichas blancas.

Entonces se encontró frente a frente con la ficha blanca, toda ella pintada de negro, y sintió un fuerte deseo de abrazarla como a una de sus hermanas. La ficha blanca, que había vivido algo muy parecido en su viaje por el país de las fichas negras, sintió lo mismo. Y, olvidando la partida, ambas avanzaron hasta la casilla multicolor para fundirse en un gran abrazo”.

¿Os habéis preguntado alguna vez cuántos problemas os podíais haber evitado si os hubierais puesto en el lugar de la otra persona?

¿Habéis hecho algún esfuerzo por comprender a la otra persona antes de posicionaros en algún asunto común? Porque eso es la empatía. Va mucho más allá de ponerse en el lugar de otro, es la capacidad de percibir lo que la otra persona siente y de conectar, de esta manera, con sus sentimientos y emociones.

¿Cómo desarrollamos esa empatía?

  1. Es el primer paso que hemos de dar es aprender a escuchar al otro poniendo toda nuestra atención en ello. Con una actitud abierta. Sin prejuzgar de antemano y preocupándonos por conocer la verdadera motivación que ha llevado al otro a comportarse y a actuar de la forma en la que lo ha hecho para poder entender. Es un valor que hemos de desarrollar tanto con nuestro equipo de trabajo como con nuestros amigos, nuestra familia y seres queridos.
  2. No des tu opinión hasta no tener claro y haber comprendido lo que la otra persona quiere transmitirte. Intenta ser ella por un momento. Y pregúntate: ¿Qué haría yo en su lugar? ¿Cómo me sentiría? De esta forma comprenderás, de verdad, cómo se siente y qué es lo que necesita de ti.
  3. Evita emitir juicios de valor. Esa otra persona no los busca. Puede que busque simplemente que le escuches o que le apoyes. O quizás quiere que le ayudes a buscar una salida a la situación por la que atraviesa. Si has escuchado bien, sabrás qué es lo que necesita
  4. Esfuérzate por encontrar la mejor manera de prestar tu apoyo, tu ayuda… a esa persona. Porque si, verdaderamente, has conseguido empatizar con ella, entenderás su postura y después decidirás si la satisfaces o no. La empatía supone comprender la postura del otro, aunque a veces no se comparta o se acepte. Seguro que así, ambos, os esforzaréis en encontrar una salida donde nadie resulte perjudicado.

¿Sabéis una cosa? Creo firmemente que nos iría muchísimo mejor si aprendiéramos a ponernos en el lugar de la otra persona antes de lanzarnos a cuestionar, criticar o atacar a un compañero de trabajo, amigo, vecino, cliente, profesor… ¿no os parece? Y creo, también, que hay que ser muy valiente para practicar la empatía porque supone pasar por lo que esa otra persona está pasando, pero os aseguro que el sentimiento de satisfacción por haber podido comprender, acompañar o ayudar a alguien con total empatía ¡es maravilloso y vale mucho la pena!

¿Os animáis a calzaros los zapatos del otro? ¿Os atrevéis a entrenar la empatía?

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