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Vivir al 100% ¿Te atreves a afrontar la vida con entusiasmo?
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Vivir al 100% ¿Te atreves?

Vivir al 100%

Vivir al 100%. ¡Menudo comienzo! ¿Verdad? No es más que lo que siempre os repito en mis cursos y conferencias: solo hay dos formas de vivir la vida. Vivir con pasión o vivir con pasión.

Así que esta semana quiero que reflexionemos sobre el jugo que le sacamos a nuestro día a día, sobre si somos capaces de poner toda la ilusión y pasión en lo que hacemos… si sabemos disfrutar del momento y si sabemos aprender de las equivocaciones y seguir avanzando. Para ello, es necesario que reflexionamos acerca de nuestra actitud.

¿Te atreves a reflexionar conmigo sobre vivir al 100%?

He escogido un cuento que alguno de vosotros ya conoceréis, pero que puede ser una ayuda en esta reflexión en la que os quiero animar a vivir con pasión. Se trata de la parábola del anillo, de autor desconocido.

“Un rey de un lejano país se dirigió un día a los hombres más sabios de la corte y les dijo:

  • Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles y quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que también ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa bajo el diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran grandes eruditos, capaces de escribir grandes tratados, pero no de dar un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total. Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también le hizo la consulta. Y éste le dijo:

  • Majestad, no soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje (el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey). Pero no lo lea -le dijo- manténgalo escondido en el anillo. Ábralo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentre salida a la situación.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino.

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía:

Esto también pasará.

Mientras leía estas palabras sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes. Él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en la carroza y le dijo:

  • Apreciado rey, le aconsejo leer nuevamente el mensaje del anillo.
  • ¿Qué quieres decir?, le dijo el rey, ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado y no me encuentro en una situación sin salida.
  • Escucha – dijo el anciano – este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas. También es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado, también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último, también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: esto también pasará, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo bueno era tan transitorio como lo malo”.

¡Qué importante es la actitud!, ¿verdad? Tanto para los momentos complicados como para los de disfrute.

Veréis, para vivir al 100% nuestra vida, tenemos un arma muy poderosa: nuestra actitud. Porque somos nosotros los que decidimos, cada mañana, cuando nos levantamos ¿Cuál va a ser nuestra actitud ese día? Y también tomamos la decisión durante todo el día, cuando nos encontramos con una dificultad en el trabajo, en los estudios, con la salud o con la familia… ¡la actitud con la que elegimos afrontarla es cosa nuestra! Y os aseguro que tiene mucha importancia:

¡Haced la prueba! No es lo mismo afrontar las dificultades con una actitud derrotista que afrontarlas desde el punto de vista del optimista inteligente. Es decir, observando la realidad con objetividad, no perdiendo ni un minuto en quejarnos de lo que no va bien y buscando qué puedo hacer para mejorarlo, a la vez, que valoro y agradezco todo aquello que sí va bien en mi vida.

Porque si queremos seguir avanzando, no debemos quedarnos anclados en los momentos de dificultad, en las situaciones complicadas. ¡Por supuesto que cuesta! ¡Claro que, en ocasiones, son dolorosas! Pero ¡hemos de continuar! Y no se trata solo de seguir, sino de aprovechar la vida al 100%, vivir con pasión ¿os acordáis?

¿Y qué pasa en los momentos en los que parece que todo va bien? También es importante la actitud, en este caso la actitud de saber disfrutar al 100% todo lo que estamos viviendo. Aprovechar cada segundo de ese disfrute, de ese momento… Y no cegarnos por el orgullo. ¿Te han felicitado por un buen trabajo? ¡Maravilloso! Siéntete satisfecho. Regálate ese momento de bienestar y satisfacción. ¡Cuéntaselo a esa persona tan cercana y comparte tu alegría! Porque también hay que ser consciente de los buenos momentos y ¡estos sí! atesorarlos y guardarlos como esa vitamina que nos ayudará a seguir avanzando!

El objetivo es que tanto nuestra actitud ante los momentos buenos y menos buenos nos empuje a seguir avanzando y a vivir con verdadera pasión nuestra vida.

Y vosotros, ¿os atrevéis a vivir al 100% ¿Os animáis a elegir la actitud con la que afrontáis vuestro día a día?

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