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Insistir, siempre ¡No te des por vencido!

Insistir

Insistir. ¡Sí! Porque la vida es eso. Insistir hasta conseguir acercarnos a lo que queremos. Esta semana quiero contagiar un poco de motivación para terminar este mes de noviembre, el penúltimo de otro año complicado, difícil ¡sí!, pero del que nos podamos sentir orgullosos por el camino que hemos recorrido. Porque estamos aquí. Porque nos hemos caído y nos hemos levantado. Con raspones y heridas, pero en pie.

Por eso quiero hablaros de insistir, de seguir, de trabajar por conseguir eso que nos parece tan difícil, pero que es importante para nosotros.

Y, para acompañar esta reflexión, nada mejor que una historia, ¿verdad? La fábula ‘Inocente o culpable’ nos habla de insistir, sí, de insistir y persistir hasta el final.

“Cuentan que hace mucho tiempo, en la época medieval, declararon culpable de un terrible crimen a una persona inocente. El verdadero autor del crimen era un hombre del reino muy poderoso, y consiguió que se buscara a otra persona a la que cargar con su delito. Como tenía mucha influencia, logró sobornar hasta al juez encargado de juzgar al pobre inocente, que era un hombre virtuoso y muy sabio.

El día del juicio, el hombre intentó defender su inocencia, aun sabiendo que todo aquello era una ‘pantomima’ y que tenía todas las de perder. Sin embargo, consiguió que el juez, ante la falta de pruebas del delito, dijera lo siguiente:

  • Está bien, para que todos vean que soy una persona justa, dejaré que los designios de Dios decidan si eres culpable o inocente. Escribiré las dos sentencias en dos papeles diferentes. Deberás escoger uno de ellos. Y Dios decidirá cuál debe ser tu destino.

El acusado se dio cuenta del engaño: el juez escribió en los dos papeles la palabra ‘Culpable’. Así, escogiera el papel que escogiera, siempre saldría el mismo veredicto.

El acusado cerró los ojos y respiró profundo. Se mantuvo así en silencio durante unos minutos. Los presentes en la sala comenzaron a inquietarse. En ese momento, el hombre tomó uno de los papeles y se lo tragó.

– Pero… ¿Qué hiciste, insensato? ¿Por qué te comiste el papel? ¿Cómo sabremos ahora cuál es el designio que escogiste?

– Muy fácil- dijo entonces el hombre- Mire lo que pone en el papel que quedó. Así sabremos cuál escogió Dios para mí.

Evidentemente, en el papel aparecía la palabra ‘Culpable’.

Intentando disimular su disgusto, las autoridades tuvieron que dejar libre al acusado, y nunca más volvieron a molestarle”

El acusado no desistió ni un momento y consiguió salvar su vida. ¡Menudo ejemplo!

Nunca, nunca hay que dejar de buscar la salida. ¿Os imagináis que el protagonista de la historia se hubiera dado por vencido? ¡Pero no lo hizo! ¡Claro que no! Empleó su inteligencia para conseguir salir de una situación injusta a la que le había enfrentado la vida. ¿Verdad que hay ocasiones en las que nos sentimos así? ¿Agobiados ante una situación a la que no le encontramos salida?

Me gustaría preguntaros, ante una situación de este tipo ¿Cómo reaccionáis? ¿Lo dais todo por perdido? ¿Creéis que ya no hay solución? O, por el contrario, ¿Os aferráis al último rayo de luz? ¿Pensáis el modo de salir de esta situación? ¿No dudáis en buscar ayuda?, pero, sobre todo, insistís, persistís, seguís mientras os quedan fuerzas…

No somos héroes, ¡claro que no! Y no os pido que lo seáis, pero todos pasamos por dificultades, de salud, de relaciones, económicas, en el trabajo… Por eso, cuando os encontréis ante algún problema, ante una situación a la que no le veis salida, me gustaría que echarais la vista atrás y recordarais esos ‘otros momentos difíciles’. Porque los ha habido. ¡Y los habéis superado! Con más o menos rasguños, pero más grandes, más listos, más maduros, aunque a veces no lo percibamos así.

Tropezar y volverse a levantar a veces agota, ¿verdad? Pero ¿de verdad que preferís quedaros en el frío suelo? ¡Espero que no!

Hay que ser muy fuerte para seguir cuando la vida te pone en este tipo de situaciones. Me gustaría daros algunas claves que yo utilizo y que me funcionan:

  • Lo primero, analizar de la manera más objetiva posible la situación por la que estamos pasando. Intentemos ponernos las gafas de espectador para ver lo que estamos viviendo. Contemplando la dificultad desde fuera todo es más objetivo y puede encontrarse la solución más fácil, ¿verdad? Siempre nos es más fácil aconsejar a otra persona que a nosotros mismos. Por eso, es importante pararse e intentar descargar de emociones la situación.
  • Después, olvidar los lamentos. No nos sirve de nada lamentarnos. Quejarnos no va a arreglar la situación. Vale que un primer lamento, espontáneo, es casi inevitable, pero ¡ya! ¿Para qué seguir quejándonos? Piensa cómo y qué puedes hacer para mejorar o solucionar lo que está pasando.
  • Pongámonos manos a la obra. ¿Cómo voy a salir de esta situación? ¿Qué me ha llevado hasta aquí? ¿Qué pasos he dado? ¿Por qué estoy ahora así? Habrá factores internos y también externos. Está claro que contra los externos es más complicado luchar, pero podemos trabajar mucho los internos, los de que dependen de nosotros.
  • ¿Necesitamos ayuda? Puede ser que en ese análisis objetivo de la realidad nos demos cuenta de que tenemos que contar con alguien que nos acompañe en el camino que nos permitirá salir de esta situación. ¡Pidámosla! Seamos humildes para pedir ayuda y demos ese paso que puede facilitarnos el camino.
  • Y, por último, avancemos. No nos quedemos bloqueados, parados, … la vida es eso, tropezar, caer, levantarnos y ¡seguir! Como se pueda, pero siempre seguir con todo el entusiasmo posible porque, ¿os acordáis? Esto también pasará.

¿Os animáis a seguir insistiendo hasta encontrar la salida? ¿Os atrevéis a seguir viviendo?

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