Momentos. ¡Aprovecha la vida!

Momentos

Momentos. Esas pequeñas cosas de las que está hecha la vida y a las que no damos importancia. Me gustaría, para comenzar el mes de agosto, que reflexionáramos acerca de esos momentos, de los que espero que llenéis este verano.

¿Os apetece que comencemos con una historia muy breve? Os invito a reflexionar con ella.

“Una vez a Hejasi le preguntaron sobre qué era lo que más le sorprendía del ser humano. A lo que dijo

“Los hombres comenten 4 insensateces.

  1. Buscando el dinero pierden la salud, y después tienen que perder el dinero buscando la salud.
  2. Están locos por crecer y después añoran la infancia perdida.
  3. Viven todo el tiempo en el pasado y en el futuro y no aprovechan, ni valoran el único tiempo real que tienen: El presente.
  4. Viven como si nunca fueran a morir y mueren sin haber vivido”

¿No te parece algo sorprendente?”

¡Menuda enseñanza! ¿Verdad?

Y tú. ¿Estás aprovechando al 100% este momento? ¡Sí! Este preciso instante en el que estás leyendo este artículo. ¿Tienes puestos tus cinco sentidos en ello?

No me canso de repetir que la vida son momentos y que, a veces, no nos damos cuenta de esos momentos maravillosos buscando ese gran momento que nos va a permitir -o eso pensamos- ser felices.

Pero ¿de verdad que no te has dado cuenta de que YA eres feliz? Eres feliz cuando sacas adelante un proyecto laboral que veías complicado, cuando te levantas cada mañana y tienes a tu lado a esa persona querida, elegida…, eres feliz cuando hablas con algún amigo o amiga al que hace tiempo que no ves y te sientes querido, escuchado, eres feliz cuando te das una ducha fresca después de una jornada calurosa o cuando tienes el privilegio de ver una puesta de sol acompañado de una persona querida o tú solo, pero en paz.

Nos empeñamos en vivir deprisa buscando esa ‘gran felicidad’ sin aprovechar los pequeños momentos. ¿Pequeños? Yo diría mejor que ‘grandes momentos’. Esos que nos permiten disfrutar, compartir, querer… Y quiero invitaros a aprovechar este verano todos esos momentos. Porque el verano es una época en la que, casi todos, disfrutamos de más tiempo para nosotros, para compartir, para reencontrarnos con la naturaleza… ¿Os animáis a aprovecharlos?

Retomo una historia, la de “La Bovina maravillosa” del escritor Eduardo Zamacois y Quintana, que alguna vez os he contado. Pero ¡me parece tan adecuada para acompañarnos en esta reflexión!

“Cuentan que hace mucho tiempo, existió un rey bondadoso y trabajador, pero que tenía un hijo muy perezoso y falto de ilusiones, al que no le apetecía hacer nunca nada. No hacía más que quejarse todo el rato y responder con malas palabras cada vez que le ordenaban hacer una tarea:

  • ¡Ojalá fuera ya mayor para poder ser rey y hacer lo que quisiera!, se lamentaba el príncipe.

Un día encontró una bobina de hilo de oro sobre su cama y, para su sorpresa, la bobina le habló:

  • Soy una bobina especial. Represento tu vida, toda tu vida, desde el principio hasta el final. ¿Ves que sobresale un poco de hilo? Son los años que ya has vivido. Si tiras del hilo, tu vida avanzará. Debes tratarme con cuidado, porque el hilo que desenrolles no podrá volver a su lugar. Puedes tirar del hilo y pasar a otra etapa de tu vida si quieres, pero recuerda… los años que saltes, no volverán. Piénsalo bien.
  • ¡Maravilloso! – respondió asombrado el príncipe– Además siempre he querido ser más mayor.

Así que, sin pensarlo más, tiró de la bobina. ¡Se moría de curiosidad por saber si lo que decía la bobina era verdad! Se miró en un espejo que tenía en su cuarto y efectivamente, ya no era un adolescente, sino un joven apuesto, de unos 20 años.

El príncipe sigue investigando cómo iba a ser su vida con la bobina maravillosa

Pero de pronto el príncipe pensó que con esa edad tendría que trabajar mucho, así que decidió tirar un poco más, y se hizo algo más mayor. Tenía unos 35 años, una espesa barba y una corona en la cabeza… ¡era rey!

  • ¡Es la corona de mi padre! ¡Ya soy rey!, gritó entusiasmado.

Pero el príncipe no estaba conforme, porque le entró curiosidad por saber cómo serían su mujer y sus hijos, y volvió a tirar de la bobina. Y al instante apareció junto a él una hermosa mujer de largos cabellos dorados y cuatro niños sonrosados.

  • ¡Qué bella es mi mujer y qué lindos mis hijos!, se dijo el príncipe, Pero… ¿Cómo serán mis hijos de mayores?

Así que el príncipe volvió a tirar del hilo y sus hijos de pronto crecieron. Eran unos hombres hechos y derechos. Entonces es cuando se dio cuenta de su error. Se miró al espejo y vio un hombre anciano, enjuto, encorvado de pelo blanco y rostro consumido.

  • ¡No! ¿Qué es esto?, dijo entonces, ¡Soy un anciano decrépito!

Miró la bobina y vio que ya quedaba muy poco hilo. Su vida estaba llegando a su fin. El príncipe intentó enrollar de nuevo el hilo, totalmente desesperado, pero no pudo.

  • Te advertí- dijo la bobina- Y no me hiciste caso. Ahora no hay vuelta atrás y toda tu vida se ha esfumado. Has desperdiciado tu vida y ahora debes acabar…

El viejo rey asintió. Cabizbajo, salió al jardín para vivir sus últimos minutos de vida. Bajo el sol de primavera y entre árboles repletos de flores, el rey, murió”.

¿Verdad que en algún momento nos vemos reflejados en el joven príncipe? Tenemos prisa para que pase la semana y llegar al fin de semana. Tenemos prisa para que lleguen las vacaciones, por llegar al destino final del viaje… ¡y nos estamos perdiendo la belleza del paisaje! ¡Nos privamos de disfrutar de los compañeros de viaje! ¡Nos perdemos la posibilidad de conocer a todas esas personas que aparecen en momentos del viaje! Y todo para llegar a ese sitio en el que creemos encontraremos la ansiada felicidad.

Me gustaría invitaros a reconocer y gritar bien alto todos esos momentos que cada día te hacen feliz. ¿Por qué me alegro hoy? ¿Os acordáis de esa frase que me repito cada día al levantarme? Pues al final del día, os animo a haceros otra pregunta: ¿Qué momento maravilloso he vivido hoy? ¿Lo he disfrutado? ¿Estaba presente con mis cinco sentidos?

¿Os animáis con este nuevo reto de verano?

Ya sabéis que la vida y el tiempo son los mejores maestros. La vida nos enseña a aprovechar el tiempo y el tiempo nos enseña a valorar la vida. ¿Y si empezamos HOY a valorar esos momentos?

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