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Compartir, dar, ser generoso. ¿Cuál es tu tesoro más valioso?

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Compartir. Dar. Ser generoso. ¡Qué maravilla! ¿Verdad? Esta semana quiero hablaros de estos valores que -de desarrollarse- pueden marcar un antes y un después en nuestra vida.

Para comenzar con el post, os quiero hacer una pregunta:

  • ¿Cuál es vuestro tesoro más valioso? ¿Estaríais dispuestos a compartirlo?

Mientras reflexionáis, os invito a leer esta leyenda judía titulada ‘Dos hermanos’, que puede acompañaros en vuestra reflexión:

“Cuenta esta leyenda judía que dos hermanos compartían un campo de trigo y un molino. Cada noche -después de la larga jornada de trabajo en el campo- dividían en partes iguales el producto del grano que habían molido juntos durante el día.

Un hermano vivía solo y el otro se había casado y tenía una familia grande.

Un día, al volver a casa, el hermano soltero pensó:

  • “No es justo que dividamos el grano de manera equitativa, yo solo tengo que cuidarme a mí mismo, pero mi hermano tiene niños que alimentar”.

Así que, cada noche, secretamente, decidió llevar algo de su harina a la bodega de su hermano sin que éste se enterara.

Pero el hermano casado también se puso a pensar en la situación de su hermano y se dijo:

  • “No está bien que dividamos el grano equitativamente, porque yo tengo hijos que me proveerán cuando sea anciano, pero mi hermano no tiene a nadie, ¿qué hará cuando se convierta en un viejo y no pueda trabajar? ¿Cómo podrá subsistir?”

Así que, también cada noche, llevaba secretamente parte de su harina y la ponía en la bodega de su hermano.

Lógicamente, cada mañana ambos hermanos encontraban sus provisiones de harina misteriosamente con la misma cantidad.

Así transcurrieron muchas noches. Cada hermano hacía su trayecto hasta el granero de su hermano cargado de harina para volver sigilosamente a su casa.

Hasta que una noche se encontraron en medio del camino entre sus casas, cada uno con un saco de harina que iba a depositar en el granero de su hermano… Se sorprendieron y pensaron en inventar alguna excusa hasta que se dieron cuenta de lo que sucedía. Entonces, se percataron que lo más valioso que tenían era el amor que profesaban el uno por el otro”.

Me emociona cada vez que leo este cuento porque es un gran ejemplo de la auténtica generosidad, de darse al otro por el bien del otro, sin pretender nada a cambio más que la auténtica satisfacción de esa otra persona. Sin que nadie nos vea ni nos elogie por nuestra generosidad, ¡simplemente por el hecho de darse a los demás, de hacer la vida mejor a los que nos rodean!

Y me emociona todavía más cuando pienso en tantas personas que he conocido y que conozco que son como los hermanos de esta fábula. Que llevan en su ADN el darse, el compartir, la generosidad…

Y ahora os pregunto de nuevo:

  • ¿Cuál es vuestro tesoro más valioso? ¿Seríais capaz de compartirlo?

Porque es fácil dar cosas materiales si tenemos la suerte de tener más de lo que necesitamos, pero ¿y si se trata de darnos nosotros mismos? ¿De dar la mano a otra persona en el momento en el que más nos necesita? ¿De acompañar a un familiar en el dolor? ¿De dedicar nuestro tiempo a esa persona que se siente tan sola?

Si todavía no lo sabes, ¡tú eres tu tesoro más valioso! Porque el valor de las personas no se mide por lo que tienen, por lo que poseen o pueden comprar, ¡no! el valor de una persona se mide por lo que es capaz de transmitir a los demás, por su lealtad, por su humildad, por su comprensión hacia los demás. Esos son sus verdaderos valores. Los que tenemos que ser capaces de compartir con el resto, lo que tenemos de nosotros mismos para ofrecer a los demás.

Al comenzar este post, os hablaba de compartir, de ser generoso, de dar… Y ahora quiero que lleguemos al darse. ¡Porque de eso se trata ser generoso en la vida! Cuando nos damos de esa manera, cuando practicamos la verdadera generosidad, la otra persona se da cuenta de cuál es nuestro verdadero tesoro y se siente inmensamente rico al ser merecedor de él.

¿Qué os parece? ¿Os atrevéis a daros? ¿Os atrevéis a practicar la generosidad bien entendida, a daros, a compartir…?

Si la respuesta a estas preguntas es ¡sí! os quiero dar algunas claves que pueden ayudarnos en este camino hacia la generosidad:

  • Prestad atención. ¡Hay que estar muy atento para conocer las necesidades de los demás! Cuando ejercitemos esta atención, seremos capaces de detectar qué es lo que podemos hacer para mejorar la vida de los que nos rodean. Cuando detectemos esa necesidad, preguntémonos ¿en qué puedo ayudar?

 

  • Practicad la empatía. ¿Qué tal si nos ponemos en su lugar? ¿Cómo me sentiría yo en esa situación? ¿Qué necesitaría en este momento? ¿Puedo dárselo? ¿Puedo buscar a alguien cerca que sea capaz de ayudarle? Cuando sabemos lo que una persona verdaderamente necesita somos capaces de dar los siguientes pasos en la dirección adecuada.

 

  • Decidiros a actuar. Y no esperéis nada a cambio. Hacedlo porque sí, porque tenéis la suerte de tener algo que puede valer para hacer más feliz a alguien. ¡Sentiros felices de poder compartirlo!

 

  • ¡Sí! No me he confundido. No esperéis el agradecimiento (ya os he dicho antes que ser generoso es dar sin recibir nada a cambio). Pero dar las gracias vosotros por haber tenido la posibilidad de mejorar la vida de alguien con vuestras acciones. ¿No es una maravilla como os sentís?

Me gustaría terminar este post con una frase de la Madre Teresa de Calcuta: “No es todo lo que das, sino todo el amor que pones al dar”.

Y ahora, ¿te atreves a compartir tu tesoro más valioso?

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