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Tiempo, vida… regalos valiosos

Tiempo y vida

Tiempo, vida… Esta semana me gustaría que me acompañarais en una reflexión acerca de los regalos verdaderamente valiosos. Se acercan fechas en las que el consumismo nos invade a todos de una u otra manera, ¿verdad?

Os quiero lanzar una pregunta:

  • ¿Cuál es el regalo más valioso que habéis recibido en vuestra vida?

¡Difícil de contestar! ¿Verdad? Puedo que no tanto. Os invito a leer la siguiente historia sobre un monje y una piedra preciosa que puede ayudarnos a contestar esta pregunta:

“Cuentan que una vez un monje que caminaba por un camino solitario se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó en su bolsa.

Unos días más tarde, se cruzó en su camino con un viajero y al abrir su bolsa para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió.

El monje se la dio sin más. El viajero, asombrado, le dio las gracias y se marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días.

Sin embargo, pocos días después volvió en busca del monje mendicante, lo encontró en uno de los caminos cercanos en los que lo había visto por última vez, le devolvió la joya y le suplicó:

  • “Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya. Dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí”.

¿Os habéis dado cuenta? A pesar de lo valiosa que era la joya, para el viajante había algo más valioso, la generosidad que le había permitido al monje darle esa joya sin pensárselo, sin ni siquiera dudarlo… ¿Por qué había hecho eso? Esa era la pregunta para la que el viajero quería una respuesta.

Mirad, más allá de los regalos valiosos -económicamente hablando- que hayamos recibido a lo largo de nuestra vida, mucho más allá de eso… hay una cosa que nos llena siempre de felicidad. El tiempo. ¡Sí! Ese tiempo que nuestros familiares o amigos nos regalan. Pero tiempo de calidad, el que nos dedican de verdad… escuchando lo que tenemos que contarles, nuestras inquietudes o alegrías, aguardando simplemente a que nosotros queramos hablar a que llegue ese momento en el que compartamos nuestras confidencias… ¿Hace mucho que no os regalan tiempo de calidad?

¿Y vosotros? ¿Habéis regalado vuestro tiempo a alguien que lo necesite?

Es fácil comprar un obsequio. En mayor o menor medida, todos lo haremos en estas fechas. Más o menos costoso. En la medida de nuestras posibilidades, seguro que todos regalamos algo en las fiestas navideñas que se avecinan… Pero ¿sabéis que es lo mejor? Lo que, probablemente, sea el regalo más valioso es el tiempo que emplearemos en encontrar ese algo que le gusta a esa persona especial en nuestra vida. Ese tiempo en el que dejaremos de mirar el móvil, de ver esa serie de televisión … para dedicar nuestros cinco sentidos a pensar qué es lo que más ilusión puede hacerle a esa persona.

Por eso, además de ese obsequio, ¿por qué no regalamos tiempo? Os voy a lanzar una serie de propuestas:

  • Dediquemos tiempo a nuestros mayores. Está muy bien que les regalemos algo, pero ¿sabéis que es lo más valioso? Pasar tiempo con ellos. Hace unos días caminando pasé por delante de una residencia de ancianos y vi salir de allí a una señora en silla de ruedas. Empujaba esa silla, un hombre de unos 40 o 45 años (probablemente su hijo), pero lo que llamó mi atención fue el pequeño de unos 7 u 8 años comiéndose a besos a su abuela. A pesar de que ella no reaccionaba, entiendo que, por alguna enfermedad, la ternura con la que el nieto la besaba, la abrazaba y la miraba ¡era un auténtico y valioso regalo! Lo primero que pensé al ver esta escena es en el padre, en la enseñanza tan maravillosa que había regalado a su hijo, ¿no os parece que esa manera de expresar el amor es, sin duda, el mejor regalo que ha recibido ese pequeño?
  • Dediquemos tiempo a nuestra familia. ¿Os parece que destinemos un tiempo de calidad cada día para ellos? Para esos pequeños que crecerán algún día y serán esos mayores que nos vengan a visitar con sus hijos. Regalemos amor, tiempo, muestras de cariños, espacios de escucha… Regalos valiosos. ¡Sí! Porque estamos regalando vida. ¿Hace cuánto tiempo que no te sientas a hablar con tu hijo? Tenga 5, 10, 15 o 30 años. ¡Qué más da! A hablar de verdad, de las cosas que le preocupan, de las que le hacen feliz, de sus sueños, ….
  • Dediquemos tiempo a nuestros compañeros de trabajo. ¿Sabéis el nombre de todos vuestros compañeros? ¿De la persona que limpia la oficina? ¿Del responsable del correo? ¿Sabéis sus preocupaciones? No se trata de empezar a interrogar a todo el mundo, ¡no! Pero sí de mantener una actitud abierta, amable, empática… de manera que sepan que eres una de esas personas a las que pueden recurrir si tienen alguna dificultad… o que seas una de esas personas de la oficina a la que informarán cuando tengan una alegría: ¡voy a ser padre! ¡voy a ser abuela!
  • Dediquemos tiempo a nuestros amigos. ¡Sí! Están ahí. Pero hay que mimar las amistades. A veces somos el verdadero ‘amigo invisible’, ¿no os parece? Y no, no me refiero al que nos vuelve locos a todos en estas fechas previas a la Navidad, quiero decir el amigo que hace siglos que no vemos, con el que no hablamos más que por mensajes de móvil, el que nunca tiene tiempo -otra vez el tiempo- para nosotros. ¿Os parece que regalemos un poco de ese tiempo a nuestros amigos?

Mirad, el monje sabía que había algo mucho más valioso que esa joya. Y, probablemente, el viajero aprendió la lección de vida de la actitud del monje.

Ahora, me gustaría preguntaros de nuevo:

  • ¿Cuál es el regalo más valioso que habéis recibido en vuestra vida?

Y añadiría:

  • ¿Os animáis a regalar vuestro tiempo a los demás? ¿Os atrevéis a regalar vida?

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