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Adaptarse. ¿Eres como el roble o como el junco?

Adaptarse

Adaptarse. Hoy en mi post os quiero invitar a reflexionar acerca de la capacidad de ser flexibles, de adaptarnos a las diferentes circunstancias que se nos presentan, más aún, cuando las condiciones que estamos atravesando nos obligan a modificar nuestros planes, tanto laborales como personales, de un día para otro.

Y tú. ¿Te adaptas fácilmente a lo nuevo?

Como hago habitualmente he escogido una historia para ayudarnos a comprender un poco mejor el tema sobre el que quiero reflexionar. Se trata de una de las fábulas de Jean de La Fontaine, ‘El roble y el junco’:

“En la orilla de un gran río había un hermoso roble. A sus pies, había crecido un esbelto y verde junco. A menudo, el árbol miraba al junco y, con desprecio, le espetaba:

  • Mira qué pequeño y débil eres. Hasta un simple pajarillo es para ti un grave peso; la brisa más ligera, que riza la superficie del agua, te hace bajar la cabeza. En cambio, mírame, mi frente detiene los rayos del sol y desafía también a la tempestad.
  • No te apures –le respondía el junco–. Los vientos no son tan temibles para mí como para ti. Me inclino y me doblo, pero no me quiebro.

El roble sonreía con superioridad cuando escuchaba al junco defenderse.

Pero un día llegó una gran tormenta. El junco se doblaba de a un lado a otro… mientras que el roble trataba con todas sus fuerzas de mantenerse erguido. No obstante, el viento -que se volvió huracanado- lo arrancó de cuajo.

Cuando el temporal amainó, unos leñadores aparecieron y lo cortaron en trozos para transportarlo, en unas horas.

El junco, triste por su vecino, pensó: 

  • Me doblo, pero no me rompo. ¡Qué pena que tanta soberbia y vanidad le hayan llevado hacia tal extremo!”

La fortaleza del roble no le sirvió en esta ocasión para sobrevivir. Sin embargo, la facilidad para adaptarse al temporal, la flexibilidad del junco evitó que se rompiera y, a pesar de las sacudidas, se mantuvo en la orilla del río con todo su esplendor.

Y vosotros. ¿Os consideráis roble o junco?

Es indudable que tanto uno como otro tienen cualidades envidiables y que pueden aportar mucho en según qué circunstancias. Las fuertes raíces del roble son necesarias. Siempre os digo que hemos de ser capaces de afianzar nuestras raíces, que hay momentos en los que es importante cuidar lo que se siembra y dónde se siembra para conseguir unas raíces fuertes que nos permitan crecer.

Pero, es indudable también que solo con unas raíces fuertes no seremos capaces de sobrevivir a las tormentas. ¡Es necesaria nuestra capacidad de adaptación! La flexibilidad del junco le hizo hacer frente el temporal frente a la rigidez del roble, al que el viento consiguió quebrar.

En nuestro caso, quiero hablar de la flexibilidad mental. Esa actitud ante la vida que nos permite adaptarnos a las nuevas circunstancias. ¿Os imagináis que, por ejemplo, las empresas no hubieran incorporado las nuevas tecnologías a su día a día para adaptarse? ¿Qué se hubieran mantenido rígidas en la introducción de nuevos sistemas de trabajo a distancia? ¿Creéis que hubieran sido capaces de afrontar esta etapa de crisis por el COVID-19?

La flexibilidad mental supone tener la mente abierta a los cambios y nos permite buscar soluciones a las dificultades nuevas que se nos presentan cada día.

¿Y cómo aprender a ser fuerte y flexible a la vez?  ¿Cómo impedir que las tormentas nos tumben? ¿Cómo adaptarse?

  • Escuchar ¡Siempre! Porque escuchando nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Somos capaces de captar ideas que pueden ser buenas para nosotros. Así que lo primero: ponernos en actitud de escucha.
  • Evaluar cuáles son nuestros puntos a mejorar para afrontar la tormenta. Hemos de ser conscientes de lo que nos puede faltar en esta nueva situación y buscar cuál es la mejor manera de minimizar su impacto y trabajar para obtenerlo.
  • Afianzar nuestros puntos fuertes. ¿Cuál es nuestra fortaleza en este momento? ¡No nos olvidemos de ella! Ya os he dicho que no hay desdeñar esas raíces fuertes que nos anclan a la tierra. (El junco también las tiene)
  • Porque decidir ser flexible es una decisión que hemos de asumir: tener la mente abierta a los cambios. ¿Cómo? Intentado buscar oportunidades entre las dificultades, ¡lo sé! Es complicado. No siempre seremos capaces de ver el final del vendaval, pero quizás sí que vivamos momentos de calma en la tormenta, que nos permitan recuperar nuestra forma antes de seguir trabajando.
  • Celebrar esas pequeñas victorias. Esos momentos de calma. Y pensar que estamos un paso más cerca de vencer a la tormenta.

A lo largo de los tiempos, siempre ha sido necesario adaptarse a los sucesivos cambios y, las personas con capacidad de adaptación lo han tenido menos complicado.

Os pido que aprovechéis estos días de verano para pensar (y anotad en una libreta) en qué momento habéis sido roble y en cual junco. Y que reflexionéis acerca de si ha sido en los momentos adecuados para ello. Si os habéis mantenido fuertes como el roble y flexibles como el junco en el momento preciso, ¡enhorabuena! Si, por el contrario, creéis que deberíais haber sido un poco más flexibles en determinada situación… ¿os animáis a practicar este verano para cambiarlo?

Y tú, ¿eres como el roble o te pareces más al junco? ¿Te atreves a ser fuerte y flexible a la vez?

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