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¿Repartes amor? ¿Das lo mejor de ti a los demás?
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¿Repartes amor? ¿Das lo mejor de ti?

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Esta semana quiero hablar del amor. Del que damos, del que recibimos, del que damos y no recibimos…en definitiva, quiero que reflexionemos acerca de si nos damos a los demás, de si somos capaces de ofrecer lo mejor de nosotros mismos, de si vivimos de corazón. Y, como siempre, para ayudarnos a reflexionar he buscado una historia preciosa que nos puede incitar a hacernos muchas preguntas: “El corazón más hermoso”.

“Un día un joven y apuesto hombre se situó en el centro de la plaza mayor de un pueblo y proclamó a los cuatro vientos que poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran muchedumbre se reunió a su alrededor y todos admiraron atónitos y confirmaron que realmente su corazón era perfecto, ninguna cicatriz, bombeando con fuerza y luciendo una forma perfecta, como de cuento.

Sí, todos coincidieron que ese era el corazón más hermoso que habían visto hasta la fecha. Habiendo oído esto, el joven se llenó de orgullo, más si cabía, y así con mayor fervor aseguró a ciencia cierta que poseía el corazón más hermoso y perfecto de todo el vasto lugar.

De pronto, un anciano se acercó y dijo: 

-“Pero, ¿por qué dices eso?, tu corazón no es tan hermoso como el mío.

Sorprendidos por esas palabras, la multitud y el joven observaron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, estaba lleno de cicatrices, había zonas donde faltaban trozos profundos y en algunos casos incluso habían sido reemplazados por otros que no encajaban perfectamente en el lugar, quedando así bordes y aristas irregulares a su alrededor.

Habiendo visto esto, la mirada de la gente se estremeció, 

-¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?, se preguntaron

El joven examinó el corazón del anciano y, al ver su estado, soltó una gran carcajada y dijo: 

“¿Estás bromeando, verdad?, observa tu corazón y ahora mira el mío…. ¿No ves que el aspecto de mi corazón luce perfecto y en cambio el tuyo solo es una muestra de cicatrices y dolor?”

El anciano dejó que el joven terminará su discurso y dijo: 

-“Sí, tienes toda la razón, tu corazón luce perfecto, pero en cambio, yo nunca me relacionaría contigo…. Cada una de estas cicatrices que tengo son muestra del todo el amor que entregué a una persona. Arranqué trozos de mi corazón para poder entregárselos a cada una de las personas que he amado hasta el día de hoy. Muchos de ellos me han obsequiado con trozos del suyo, que con orgullo he colocado en el lugar dónde quedó el hueco. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes y aristas, cosa que realmente me alegra, porque al poseerlos, me recuerdan el amor que hemos compartido”.

Y añadió:

-“Por otro lado, los huecos muestran que hubo ocasiones en los que yo entregué mi trozo de corazón, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. Dar amor tiene “su riesgo”, pero a pesar del dolor que puedan producir esas heridas que han quedado abiertas, me recuerdan que yo les he amado, y quien sabe, igual algún día, regresen habiendo reflexionado y sientan el deseo de regalarme ese trozo que ocupará ese hueco. ¿Entiendes ahora por qué digo que mi corazón sí que es hermoso, que no perfecto?”

El joven permaneció en silencio y unas lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas. Se acercó suavemente al anciano, arrancó un trozo de su perfecto corazón y se lo ofreció.

El anciano lo recibió con una sonrisa y acto seguido lo colocó en su corazón. Luego a su vez arrancó un trozo de su corazón y con él tapó la herida que había quedado abierta del joven.

La pieza encajó, pero no a la perfección porque los trozos no eran idénticos.

El joven miró su corazón que ya no lucía perfecto, pero ahora brillaba y era mucho más hermoso que antes; ahora el amor del anciano fluía en su interior.

Y vosotros:

  • ¿Cómo es vuestro corazón?

Seguro que tras leer la historia a todos nos apetecería tener el corazón como el del anciano del cuento ¿verdad?  Pues para ello debemos aprender a vivir repartiendo amor. Y hacerlo de manera incondicional. Porque si nuestra decisión es repartir amor entre los que nos rodean no podemos hacerlo pensando en que nos lo van a devolver. ¡Mirad! Cuando repartimos amor, cuando tratamos a los que nos rodean con cariño ¡todos salimos ganando! Os lo aseguro. ¿Nunca habéis experimentado la satisfacción de haber sentido la gratitud de alguien sólo porque le habéis demostrado vuestro amor, vuestro cariño?

En ocasiones, somos muy rácanos con nuestros gestos de amor hacia los demás. ¡Nos cuesta abrazarnos, besarnos, darnos la mano…! Y cada vez perdemos más esos gestos por el avance de las nuevas tecnologías. ¡Y es maravilloso contar con ellas, pero no podemos sustituir el roce, el cariño por un mensaje de texto! ¿No os parece?

Por eso os invito a multiplicar vuestras muestras de cariño, a vivir intensamente repartiendo amor. Piensa un poco:

  • ¿Con que personas te gusta estar? (piensa unas cinco personas)
  • ¿Estás con ellas todo lo que puedes? ¿Puedes hacer algo para pasar más tiempo con ellas?
  • ¿Les muestras lo que te gusta estar con ellas? ¿Expresas tu amor por ellas? ¿Qué puedes hacer para expresarlo a partir de ahora?

Poco a poco. Sin prisas ni agobios, pero es necesario que aprendamos a cuidar nuestras relaciones porque sólo de esa forma podremos afirmar que ‘vivimos con el corazón’, que vivimos repartiendo cariño y amor. Y os aseguro que vivir de esta forma nos llena de amor y de cariño a nosotros mismos porque, como siempre os digo, el amor se multiplica cuando se reparte.

Así que, ¡no seáis tacaños con vuestro amor! ¡Llamad a ese amigo con el que hace tiempo que no habláis y con el que sólo os intercambiáis mensajes de WhastApp! ¡Id a visitad a vuestros mayores y abrazadlos, tocadlos, decidles todo lo que significan para vosotros! ¡Acariciad a vuestros hijos! ¡Ofrecer un gesto de cariño a ese compañero de trabajo o preguntarle por su familia, por sus inquietudes…!

Mirad, cuando se vive con el corazón, cuando se reparte cariño y amor… la vida se carga de significado porque el mero hecho de haber vivido ha provocado que alguien a nuestro alrededor haya sido un poco más feliz.  Y eso… ¡vale la pena! ¿No os parece?

¿Os animáis a repartir amor? ¿Os comprometéis a vivir con el corazón?

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